¡Ave, César! (II) (La Tribuna, 27-05-14)

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En junio de 2003 el Albacete lograba su segundo ascenso a Primera División y yo escribía un artículo sobre ello para el espectacular libro de imágenes realizado por los dos mejores reporteros gráficos de nuestra ciudad, padre e hijo, Jesús y Josema Moreno. Allí destacaba que una de las claves para dicho ascenso había sido la figura del entrenador, César Ferrando, y por ello lo titulaba ¡Ave, César! Ahora me veo obligado a repetir, como en una segunda parte, porque las curiosidades hacen que otro César sea ahora el protagonista de un nuevo ascenso. Antes fue nombre, ahora apellido, pero la figura de Luis César ha sido fundamental en el éxito de una campaña que ha culminado con el tan deseado retorno a la LFP.

El mundo del fútbol está llego de latiguillos, de frases hechas, como esa que dice que los partidos los ganan los jugadores y los pierden los entrenadores. Podía estar de acuerdo, o no, pero de lo que sí estoy seguro es de que los ascensos, los éxitos de una temporada, los ganan los entrenadores.

Luis César ha sabido manejar todas las situaciones que se han ido planteando con gran sobriedad. No se ha puesto nervioso ni se ha distraído por todo lo que ha pasado alrededor del club, que fue mucho, sobre todo en el primer tercio del campeonato. El gallego manejó la nave con la habilidad que otorga una dilatada experiencia y demostró haber aprendido mucho a lo largo de sus años por diferentes banquillos y en diferentes situaciones. Aunque parezca mentira, no todos los entrenadores consiguen aprender de sus errores y aciertos y, quizás por ello, hay quien tropieza una y otra vez con la misma piedra. El técnico hizo lo que más complicado en el fútbol, que el equipo jugara bien y ganara partidos.

Otro César ha tenido que llegar al banquillo del Albacete Balompié para tener una temporada brillante y para culminar un objetivo que, además, era una necesidad económica. La viabilidad de la entidad pasaba por regresar a una Segunda División en la que, si se hacen bien las cosas, se puede disfrutar, al mismo tiempo que se equilibran las cuentas. Sólo es cuestión de actuar con sensatez y conocimiento.

Y como, al césar lo que es del césar, considero que el gran artífice del ascenso es Luis César Sampedro y su particular manera de llevar el vestuario, de estudiar a los rivales, de plantear los partidos y de saber imponer un estilo de juego vistoso y ambicioso con el que ha obtenido los mejores resultados posibles. Incluso el domingo, tras el mazazo del 0-2, el Alba siguió fiel a su estilo, tocando y tocando hasta que se encontraron los huecos y los goles. Luis César ha tenido, además, una gran ayuda de la gente de la casa, esos cuyo trabajo pasa casi desapercibido, de puntillas, pero que son el báculo sobre el que sin lugar a dudas se apoya el entrenador. Hablo de Juanky Calero, Pedro Gómez, Carlos Cano y el secretario técnico Víctor Moreno. Ellos han sido los instrumentos que ha utilizado Luis César para devolver al Albacete Balompié al sitio que se merece, la Segunda División.

Y qué decir de la afición, que el domingo llenó el Carlos Belmonte, que animó en todo momento y que explotó con el pitido final. Esta afición merece estar en Segunda División y tiene que darse cuenta que, si el Belmonte presente esa imagen cada domingo, será muy, muy, muy difícil que se escapen muchos puntos en casa. Ojalá la próxima temporada podamos ver así el campo muchas veces.

Sobre el autor

Juan Carrizo

Jugador y entrenador titulado de baloncesto, practicante de otros deportes como el fútbol, el atletismo o el tenis, trabajo como redactor de deportes en La Tribuna de Albacete desde 1991 habiendo colaborado en diferentes ocasiones y en varias emisoras locales como Radio Chinchilla, COPE o la desaparecida Arco Iris.

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