¿Se puede o no se puede? (La Tribuna, 07-05-13)

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El Albacete Balompié sigue derrochando oportunidades para meterse en la lucha por el ascenso y no será porque sus rivales no ayudan. El miedo es libre, y parece que la presión por estar arriba hace mella en estos equipos de medio pelo que conformar el grupo IV de la Segunda División B.

Porque no nos engañemos, el grupo deja mucho que desear, sobre todo después de haber competido en otro con rivales como el Real Madrid Castilla, el Tenerife, el Lugo o el Oviedo. Con todos mis respetos, el grupo IV parece más bien de Tercera y el Albacete, uno más, por mucho que nos queramos convencer de que tenemos plantilla para ser campeones.

Quizás los primeros que no se han convencido son los propios jugadores, cuya declaración de intenciones durante la semana no queda después reflejada en el terreno de juego, donde han defraudado mil y una vez a una afición que, a pesar de todo, continúa con el convencimiento de que sí se puede.

Poder o no poder, querer o no querer, saber o no saber. Como además de ver los partidos del Albacete también me ha tocado ir al Municipal de La Roda muchas veces esta temporada, he podido comprobar que el conjunto manchego tiene plantilla suficiente para luchar por la primera o segunda plaza, pero sin embargo, a falta de dos jornadas, no está metido entre los cuatro primeros y sus opciones pasan ahora por ganarlo todo y esperar a que los demás fallen.

Ganarlo todo. Difícil afirmación en un equipo que cada vez que ha tenido la oportunidad de pegar un puñetazo encima de la mesa o no había mesa o no había puño, el infierno español, porque son muchas las ocasiones que se han desperdiciado, casi siempre por impotencia propia, más que por virtudes ajenas.
Por ello creo que el principal problema del Alba no está en su juego, sino en su cabeza, en la mentalidad de sus jugadores, que parecen arrugarse en los momentos importantes. La presión, la ansiedad, el miedo a perder ha hecho mucho daño a un Albacete que ha demostrado que cuando se ha puesto a jugar al fútbol con convicción ha arrasado al que se le ha puesto por delante, al menos en lo que a juego se refiere. No estoy hablando de actitud o de entrega, algo que le sobra a los jugadores del Alba; hablo de controlar la presión, el miedo, la ansiedad. Es por ejemplo lo que diferencia a los mejores tenistas, a los que están en el top ten, del resto. La capacidad para sufrir, para aguantar la presión, para mantener la mente metida en partidos que se alargan más de tres horas.

El Alba tiene jugadores que probablemente podrían ofrecer un gran rendimiento en otros equipos, incluso en superior categoría, pero parece pesarles mucho el Carlos Belmonte y el escudo que llevan en la camiseta. Viendo los rivales del grupo nadie entiende por qué este equipo no está metido en los puestos de play off, aunque los números de la segunda vuelta son elocuentes. Pero a pesar de esas muestras de debilidad, de tantas y tantas decepciones, la afición sigue confiando en que el Albacete pueda luchar por el ascenso. Dos jornadas, dos victorias, y a esperar a ver lo que hacen los rivales. ¿Se puede o no se puede? Yo creo que sí, pero los que de verdad tienen que creérselo son los jugadores, en cuyas piernas y cabeza quedamos encomendados.

Sobre el autor

Juan Carrizo

Jugador y entrenador titulado de baloncesto, practicante de otros deportes como el fútbol, el atletismo o el tenis, trabajo como redactor de deportes en La Tribuna de Albacete desde 1991 habiendo colaborado en diferentes ocasiones y en varias emisoras locales como Radio Chinchilla, COPE o la desaparecida Arco Iris.

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