Emoción y ruina, todo en uno (La Tribuna, 18-05-10)

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Terminó la Primera División y lo hizo en una última jornada en la que se decidieron tanto el campeón como los tres equipos que acabarían descendiendo, lo que otorgó una emoción a la jornada no vista desde hacía tiempo.

En otras ocasiones se ha llegado a la última jornada con el campeón decidido y con algún equipo ya descendido, pero este año se jugó todo en el último lance, lo que otorgó una gran rivalidad en las últimas jornadas, que alimentó, si cabe, la rivalidad entre Barcelona y Real Madrid y mantuvo en vilo a los diferentes equipos metidos en la lucha por evitar el descenso.

Acabó la Primera, pero la Segunda todavía debe disputar cinco jornadas y la emoción también está presente, porque nada está decidido ni por arriba ni por abajo, aunque es evidente que algunos tienen más posibilidades que otros, pero la emoción seguramente esté presente hasta el último momento. Curiosamente empezará el Mundial de Sudáfrica y todavía se estarán jugando las habichuelas los equipos de Segunda, lo que vuelve una vez más a sacar las vergüenzas de unos dirigentes del fútbol nacional en este claro desprecio hacia la categoría de Plata. No es concebible en mentes normales que los equipos de Segunda se estén jugando la temporada mientras a la afición ya la tienen embelesada televisiones y medios nacionales con el Mundial. Parece que la cordura brilla por su ausencia, manteniendo una competición excesivamente larga, que finalizará el 20 de junio, cuando incluso ya algunos estarán de vacaciones. Las mentes pensantes podrían haber comprimido un poco el calendario, jugándose un par de miércoles, para que la cosa hubiera quedado mejor.

Y que no me digan ahora que eso de jugar los miércoles no es rentable para los clubes, pues hemos presenciado varias jornadas de Primera en miércoles y ahora nos hacen tener partidos de Segunda los viernes y hasta los lunes.

Simplemente se trata de la ineptitud de los dirigentes futbolísticos, más preocupados de llenar la barriga y los bolsillos que de la competición y sus participantes. Más les valdrían controlar a los que alimentan su negocio, porque la ruina en la que se han metido todos los clubes es demasiado evidente como para salir de rositas.

Varios equipos, entre ellos el Albacete Balompié, están metidos en un proceso concursal y se anuncia la inminente llegada de otro gran número de clubes, de Primera y Segunda. O sea, que el fútbol español está en quiebra, claramente porque la gestión de los clubes no ha sido buena y porque los organismos de control, los que dirigen el cotarro, la Liga de Fútbol Profesional y la Real Federación Española de Fútbol, han estado más preocupados de sus particulares tinglados y se han desentendido de la lamentable situación que, como piezas de dominó, está derrumbando los pilares de nuestro fútbol, con la gran mayoría de clubes de Segunda B y Tercera con una deuda acumulada impagable que a nadie, por no decir a pocos, parece interesarles. El fútbol ya no es fútbol; hace tiempo que es negocio, pero no para todos, sólo para unos pocos.    

Sobre el autor

Juan Carrizo

Jugador y entrenador titulado de baloncesto, practicante de otros deportes como el fútbol, el atletismo o el tenis, trabajo como redactor de deportes en La Tribuna de Albacete desde 1991 habiendo colaborado en diferentes ocasiones y en varias emisoras locales como Radio Chinchilla, COPE o la desaparecida Arco Iris.

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