Fue bonito mientras duró (La Tribuna, 17-01-12)
No ha sido el Albacete Balompié en su historia un clásico en la Copa del Rey, competición en la que ha pasado con más pena que gloria en la mayoría de las ocasiones, incluso cuando era equipo de Primera, años en los que solía caer frente a rivales de menor entidad, como el Águilas (1991), el Marbella (1992) o la Cultural Leonesa (2004).
Grato recuerdo nos trae aquella Copa de 1995 en la que el Alba llegó hasta semifinales y si no estuvo en la final fue, en gran medida, por un parcial arbitraje de Díaz Vega. La curiosidad quiso que la final entre Deportivo de La Coruña y Valencia, verdugo del Alba, tuviera que suspenderse por la lluvia y mientras se jugaban los minutos aplazados que faltaban, el equipo manchego era descendido a Segunda por el Salamanca (0-5) en una debacle sin precedentes después de haber ganado en tierras charras por 0-2.
Esta vez la historia es muy diferente. El Alba sorprendió en el 95 siendo un equipo de Primera División, o sea, que la sorpresa fue llegar hasta semifinales siendo un modesto de la zona baja. Ahora la historia es bien diferente, ya que el Alba es un equipo de Segunda B y ha sorprendido al jugarle de tú a tú a equipos de Primera que están jugando competición europea.
La historia nos dice además que los equipos de Segunda B que destacan en la Copa del Rey sufren un impulso positivo que augura buenos presagios para el Alba, que logró eliminar al Atlético de Madrid y le plantó cara al Athletic de Bilbao.
La Copa ha servido para dar varias vueltas de tuerca más a la comunión que ha surgido entre equipo y afición, algo que hacía mucho tiempo que no se veía. Con la Copa hemos podido ver a jugadores entregados por la camiseta que visten y la afición ha sabido valorarlo, volcándose con el equipo y mostrándose orgullosos de lo que han hecho sus jugadores. Todo ha ido en sintonía con un Alba que trata de reverdecer viejos laureles, porque ya no sólo se trata de volver a la Liga de Fútbol Profesional. También era necesario volver a recuperar el calor de la afición y que los albaceteños sintieran lo que representa para la ciudad tener un equipo entre los grandes.
Lo vivido en la Copa debe servir para afrontar lo que resta de competición con ilusión y esperanza. Sabiendo que esta plantilla es capaz de hacer cosas grandes y que si ha podido demostrarlo en la Copa también lo podrá hacer en la liga y, esperemos, en los play off. El ascenso es complicado, pero este Albacete Balompié tiene a su favor una afición de Primera, un campo de Primera y una plantilla de Primera, así que ahora toca centrarse en la liga y seguir ofreciendo alegrías, que lo demás, vendrá por añadidura.