El Blog de Juan Carrizo
Artículos de Noviembre, 2010
por Juan Carrizo. 28 Noviembre 2010 21:24h. · Categoría: Fútbol
Lo cierto es que, en lo que al resultado se refiere, las cosas se mantuvieron prácticamente igual, pero no me negarán que el Alba ofreció el sábado muchas más cosas que en compromisos precedentes, donde era imposible pensar que esta plantilla fuera capaz de ganar un partido. Frente al Xerez, el conjunto manchego mereció la victoria, la buscó y si no la consiguió es porque le faltó esa pizca de suerte que siempre suelen tener los equipos ganadores. En el caso del Alba, lo cierto es que además de faltar la suerte estuvo bastante esquiva, con un más que posible penalti sobre Kike Tortosa y alguna que otra jugada de peligro que el colegiado se preocupó de cortar y nadie se explica el por qué, como en la que Tato se quedaba sólo ante el portero.
El Alba ofreció compostura, temple, control y, sobre todo, tuvo muy claro a lo que estaba jugando. No hubo adornos, ni florituras, ni alardes. Se jugó como se pudo, pero se hizo sabiendo perfectamente lo que había que hacer para ganar el partido. Otras cosa es que no se consiguiese, para desesperación de unos y otros pues ya son nueve las jornadas sin ganar. Pero las sensaciones fueron muy distintas a anteriores partidos y se vieron cosas interesantes.
No todo fue bueno, porque son varios los jugadores que aportan poco y mal, lo que es un lastre demasiado grande para un equipo que juega con lo justo. Si para colmo de males se nos lesiona uno que quiere y puede. Es lo que tienen las malas rachas, que todo se vuelve en contra. Pedro Santa Cecilia sigue más despistado que una vaca en un garaje, Asen está frito y el Pipino Cuevas sigue sin entender que para jugar al fútbol de verdad hay que esforzarse, que los partidos de solteros contra casados se juegan en el campo de los veteranos. Tato volvió a demostrar que tiene que ser titular en este equipo y Sumy que es capaz de hacer en competición lo que ya vimos en pretemporada y que no había mostrado en sus nerviosas apariciones desde el banquillo. Tarantino rinde mucho más como central y Toni es mejor que Tarantino cuando decide irse hacia arriba. Kike está en un gran momento y Verza, cuando está centrado y quiere la pelota, es mucho más futbolista de lo que casi siempre demuestra.
Está claro que tenemos cosas que funcionan y cosas que no y ahora lo que hay que hacer es conseguir los remiendos necesarios en el mercado invernal para mejorar el rendimiento general y conseguir, al menos, que podamos pensar en positivo, algo que desde hace ya muchas jornadas no se consigue viendo cómo jugaba este equipo. Tato lo decía muy claro, hay que llegar vivos a la Navidad, porque sino….
por Juan Carrizo. 25 Noviembre 2010 9:28h. · Categoría: Fútbol
Pasó lo que tenía que pasar y mucho ha durado la cosa. Además no ha sido traumático para la entidad y todos han hecho un ejercicio de responsabilidad por el bien del Albacete Balompié, manteniéndose en su sitio y mostrando que, a pesar de las diferencias y los desencuentros su objetivo sigue siendo el mismo, conseguir la estabilidad de un club demasiado cargado de lastres económicos, entre otras cosas.
Ya desde el primer momento el binomio formado por Rafael Candel y José Vicente García Palazón trajo muchas dudas y no precisamente por su capacidad para llevar los mandos de la nave, sino por su desencuentro histórico en todo lo que se refiere al Albacete. El agua y el aceite se pueden juntar, pero nunca se mezclan.
Les honró dejar a un lado sus desencuentros para unirse en pos de la salvación de un club que marchaba irremediablemente al desastre gracias a un Consejo de Administración más preocupado de pelearse con todo el mundo que de salvar la entidad. Bueno, algunos estaban preocupados de pelearse con todo y con todos mientras otros parecían autistas metidos día y noche en el ciberespacio.
Estaba claro que Rafael Candel y José Vicente García Palazón tenían, tienen y tendrán visiones diferentes de cómo hay que llevar el club, pero intentaron convivir en armonía por el bien de la entidad. Candel siempre ha sido el visceral, el metomentodo, el aberruntos. Sus decisiones y actuaciones casi siempre aparecen de improviso, de sopetón. No le gusta marear la perdiz y siempre va al grano. García Palazón es todo lo contrario, metódico, pausado, le gusta sopesar las cosas con calma, darle mil vueltas antes de dar un paso y cometer un error por ser precipitado. Candel coge el autobús en marcha, igual acierta que se mete en el equivocado. García Palazón espera a ver si es su número, si le llevará a su destino y a veces le da tantas vueltas que el autobús se escapa.
Ni uno es mejor ni el otro es peor. Cada uno es como es, ve las cosas de una manera y actúa según sus instintos y su forma de ser. Por eso ha visto claro García Palazón que no podía seguir siendo vicepresidente, en las mismas condiciones en las que empezaron. Porque uno era presidente y el otro vicepresidente, pero formaban un binomio, iban de la mano, dos en uno. Pero como ya se comentó, hasta en tono de broma por parte de Candel, difícil es mantener dos gallos al frente del gallinero, por mucho que Candel dijera que ya eran medios gallos y García Palazón le respondiera que medio gallo lo sería él.
De todas formas, García Palazón sigue en el Consejo de Administración, con clara ocupación en el concurso de acreedores. Y seguirá habiendo desencuentros y diferencias de criterio, que quedarán en la confidencialidad del Consejo, porque una vez votado, el resultado irá a misa y será el acuerdo de todo el Consejo, aunque haya habido discrepancias. Así al menos lo dijo García Palazón, justificando su paso atrás con que el vicepresidente tenía que estar en clara sintonía con el presidente y, obviamente, ese no era el caso.
Y en medio del revuelo aparece la figura de Carlos Parra, al que algunos ven como salvador y otros como a Judas Iscariote, que va a vender al Albacete por cuatro perras gordas. Ciertamente no creo ni lo uno ni lo otro y se trata simplemente de una persona con tiempo y dinero al que le ha hecho tilín eso de estar metido en fregaos futbolísticos. Se le ve a Parra siempre muy a gusto en los palcos, haciendo piña y demostrando su amor a unos colores. Candel lo dijo claro, que ya demostró su cariño al Alba en la pasada ampliación de capital y que está dispuesto a seguir haciéndolo en la que nos viene encima, siempre y cuando haya consenso y todos pasen por el aro, a ver si va a ser el único pardillo que mete el dinero en una causa pérdida, porque el que piense que luego se puede recuperar es que no tiene ni idea de la situación del club. Uno puede especular si tiene un campo propio que recalificar, unos terrenos que traspasar o cosas por el estilo. Se lo llevó crudo el presidente del Murcia con la Nueva Condomina y el del Levante, vendiendo los terrenos adyacentes al Ciudad de Valencia, que antes eran huertas y ahora son incontables bloques de vivienda. Ahí había tajo, pero ya me dirán el tajo que hay en el Albacete para pensar que va a venir alguien a dejarse su tiempo y dinero con aviesas intenciones.
Tampoco creo que Carlos Parra vaya a ser el salvador. Simplemente creo que será una persona que va a trabajar por el club y que, de momento, ha demostrado ser coherente y con ideas, aunque luego serán sus decisiones las que dirán si son acertadas o no. De momento el Alba tendrá por fin a un representante ante la Liga de Fútbol Profesional y la Real Federación Española de Fútbol, donde además Parra es de sobra conocido, ya sea por su pasado arbitral (no todo podía ser bueno) o por su afinidad con otros representantes por sus relaciones laborales. Ahí el Alba estaba huérfano, lo que se puede entender con unos consejeros en general que son empresarios y cuyos compromisos personales hacían imposible estar una semana si y otra también viajando a Madrid, a veces para debatir cosas importantes y otras simplemente por participar en los saraos que unos y otros montan, especialmente la RFEF.
Y entre tanto, el tema deportivo que preocupa, y de qué manera. Parece que todos tienen claro que con esta plantilla de pusilánimes nos vamos al hoyo de cabeza y que se necesitan cuatro o cinco futbolistas de referencia que cambien la dinámica de un equipo que marcha de culo, cuesta abajo y sin frenos. También dice la mayoría que no es cosa del entrenador, lo que se verá cuando empiece a tener otros mimbres con los que trabajar y a ver de lo que es capaz, porque de momento no ha sabido o no ha podido sacarle rendimiento a una plantilla que, todo sea de paso, está mal confeccionada, ya no sólo en la falta de calidad en muchos de sus componentes, sino también en la falta de carácter y actitud de la mayoría. El tiempo corre, las jornadas pasan y cada vez será más difícil salir del hoyo, así que, que todos se vayan poniendo las pilas, que ya va siendo hora.
por Juan Carrizo. 24 Noviembre 2010 8:59h. · Categoría: Zona Press 10-11
El fútbol tiene siempre ese halo de polémica que es lo que, seguramente, hace que sea un fenómeno de masas. Si no fuera por la polémica y la rivalidad entre unos y otros seguro que la expectación y seguimiento sería menor, porque a fin de cuentas estamos hablando de los deportistas que, posiblemente, menos entrenan, menos espectáculo ofrecen (salvo contadas excepciones) y más desilusiones generan entre la afición.
Una de esas cosas que no sirven absolutamente para nada, sólo para la polémica, es eso de sancionar a los entrenadores, lo que realmente no vale absolutamente para nada y de ahí que deberían buscarse otras vías de castigar a los que no cumplan con el reglamento, ya sea por protestar, insultar u otras acciones punibles.
Cuando se sanciona a un jugador con un partido de suspensión, el castigado no puede jugar, con el claro perjuicio para sí mismo y su equipo, un castigo seguramente excesivo para se produce por unas protestas o un calentón contra el árbitro, que sin darle ni quitarle la razón, nunca entienden que los jugadores van a tope de adrenalina y por algún lado hay que sacarla. No quiere decir eso que no haya que castigar los insultos ni las salidas de tono, pero creo que no es de recibo recibir la misma o mayor sanción por acordarse de los familiares de un colegiado que por una entrada alevosa con lesión para el que la recibe. Por ahí podrían empezar a tocar el bolsillo de jugadores y clubes, lo que seguiría siendo un castigo y no produciría la desigualdad que supone recibir un partido por una entrada con los tacos por delante y haciendo daño que dos encuentros por mandar al trencilla de turno a zurrir mierdas con un látigo.
Con los entrenadores pasa lo mismo, pero agravado con que la sanción no sirve absolutamente para nada. El trabajo del entrenador es realiza durante la semana, en los entrenamientos y diferentes charlas con sus jugadores, incluida la de antes de empezar el encuentro. Después, durante el partido, el técnico tiene poco que hacer, pues la mayoría de las veces esos gritos e indicaciones que se realizan sobre el campo no llegan al jugador, metido en el partido y, a veces, ensordecido por los gritos de la afición, ya sean a favor o en contra. Así, el trabajo durante los partidos se limita a acertar con los cambios y dar las indicaciones precisas al que va a entrar nuevo sobre el terreno de juego.
Ahora, con el uso de las modernas tecnologías, el entrenador sancionado puede estar tranquilamente sentado en un palco viendo el partido y dando las instrucciones precisas a sus ayudantes a través de los teléfonos móviles. O sea, que la función que tiene la sanción, no se está cumpliendo, mientras que en un jugador está claro que sí, ya que no puede estar sobre el terreno de juego. Si además le echas un morro que te lo pisas como el descarado Mourinho, pues la cosa ya resulta casi de reírse en la cara de los comités. El pasado sábado se sentó a dos metros de su banquillo e incluso se permitió el lujo de llamar al jugador de turno que iba a saltar al campo para darle las instrucciones oportunas, lo que todo el mundo pudo ver por la televisión. O sea, que la sanción no cumplió su cometido. Deberían pues los comités sentarse a pensar sobre el tema y que sus castigos no queden en saco roto, pues lo único que consiguen es que, como en este caso, se les tome por el pito del sereno.
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