¿Las primas? Haberlas, haylas (La Tribuna, 09-12-08)
Uno de los miles de dichos populares de nuestro país dice: Yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas.
Pues lo mismo suelen decir futbolistas y entrenadores sobre las famosas primas a terceros, lo que nadie recibe cuando le preguntas, pero todo el mundo conoce. Y es que en una competición en la que se mueven cantidades ingentes de dinero, a nadie podrá extrañarle que los maletines vayan de una lado para otro.
Por una lado están las primas por ganar, esas que nadie ve mal pero que destapan la peor cara del fútbol, porque ya me dirán ustedes como calificar a los futbolistas que cobran de un club pero se motivan más, corren más y pelean más cuando les llega una prima de otro club por ganar al rival de turno. Algunos dicen eso de que hombre, a nadie le amarga un dulce si te dan una prima por hacer tu trabajo, pero yo creo que aquí es donde el fútbol deja de ser profesional para ser un puro mercadeo de resultados.
Y luego ya están las primas por perder, muy habituales entre equipos que ya nada tienen en juego y que ya tienen las vacaciones al caribe pagadas simplemente por dejarse meter un gol o errar en la portería rival hasta la saciedad. No veas cómo se frotan las manos algunos cuando ven el calendario y los rivales con los que tienen que enfrentarse en las últimas jornadas.
Toda la semana pasada se estuvo hablando del posible amaño entre el Levante y el Athlétic hace dos temporadas. Conversaciones telefónicas y demás, pero habrá que ver si al final se llega al fondo del asunto, porque en esto pasa como con todo, que mucho se habla pero poco se hace, porque como empiecen a tirar de la manta…
Es como con las deudas a Hacienda o la Seguridad Social. Cualquier hijo de vecino tiene que pagar religiosamente al fisco o las consecuencias son terribles, pero los clubes de fútbol parece que tengan bula papal. Los clubes pueden deber miles de millones, que aquí paz y después gloria. Sólo queda ir aplazado pagos que ya vendrá otro al que le reclamen.
El mundo del fútbol ya vivió momentos delicados y se realizó un plan de saneamiento basado en la conversión de los clubes en Sociedades Anónimas Deportivas. Pasados unos años, el fracaso ha sido absoluto y la situación vuelve a ser caótica, con deudas impensables y todos al borde del abismo, pero son pocos los que al final caen, y espérate, que ahora pueden incluso agarrarse a la Ley Concursal para salvar el culo.
A todo esto, aquí nadie da cuentas de nada, nadie es responsable de nada y todos se lavan las manos, mientras los sufridos aficionados siguen pasando por taquilla, comprando sus abonos, pasando frío o calor en los campos, amoldándose a los intereses televisivos que dicen como y cuando deben jugarse los partidos, para que luego los futbolistas que llevan el escudo de sus amores se vendan por cuatro perras al mejor postor, ya sea por ganar o por perder, pero, a fin de cuentas, siendo unos vendidos.