La crónica de un cese anunciado (La Tribuna, 26-02-08)
La situación en el Albacete Balompié no es irreversible, pero si que se torna complicada. Quedan 16 jornadas por disputarse, es decir, 48 puntos, y el club manchego debe sumar unos 25 puntos si quiere salvar la categoría. No es imposible, pero estaba claro que con la dinámica actual del equipo no íbamos a ninguna parte.
El gran problema es que esa dinámica es la misma durante toda la temporada y han tenido que pasar 26 jornadas para que los dirigentes, que están demostrando una falta de conocimiento de la situación espeluznante, se hayan decido por destituir a un entrenador que demostró ya a las primeras de cambio que no parecía el hombre adecuado para sacar esta difícil situación adelante.
Quique Hernández no es un mal entrenador. Eso esta claro, ahí está su currículum. Pero como a otros muchos entrenadores les ha pasado en su carrera, la situación en el Albacete le había superado. Estar en un club donde tanto el director deportivo como el vicepresidente quieren tener más protagonismo en las decisiones sobre la primera plantilla que el entrenador, no hay quien lo aguante. Las situaciones que se han vivido esta temporada son para mear y no echar gota. ¿Por qué se apartó del equipo a Juan Carlos? Y no me refiero sólo a las dos semanas que estuvo entrenando por las tardes, sino a las 21 jornadas en las que sufrió un incomprensible destierro de las alineaciones y las convocatorias. ¿Por qué se tiene en idéntica situación a Cañas? Porque el sevillano demostró el sábado que gordo y cojo -lo que van diciendo de él los dirigentes- es mejor que los que han estado jugando hasta el momento. ¿Por qué algunos jugadores parecían jugar por decreto? ¿Por qué las jugadas de estrategia, los vídeos y en muchas ocasiones era Martín Monteagudo el que dirigía los entrenamientos? ¿Dónde estaba Quique Hernández?
A la quinta jornada este equipo empezó a dar síntomas de tener una grave enfermedad pero sus dirigentes han estado más preocupados de buscar ‘mierda’ del anterior consejo y protagonizar una ‘guerra’ con los periodistas deportivos que al único que perjudica es a la entidad que de buscar una curación para el enfermo. A los aficionados se les ha intentado poner una venda en los ojos, pero la realidad de la clasificación es irrefutable. ¿Si se hubieran hecho las cosas bien llevaría el equipo 22 de las 26 jornadas disputadas en puestos de descenso? Llevo toda la temporada oyendo eso de que no hay dinero. El líder Numancia, tiene un presupuesto de 4,4 millones de euros, prácticamente la mitad que el Albacete Balompié, con un límite salarial que se supone debe ser parecido al que ha puesto el Alba en su primera plantilla. ¿Entonces porque uno va primero y el otro en puestos de descenso?
El orgullo y su falta de responsabilidad jugarán ahora un papel importante en una situación enquistada hace tiempo. Si hiciéramos una encuesta sobre qué entrenador podría ser capaz de salvar la situación no dudo en que Julián Rubio recibiría el 90% de los votos. Que el de Montealegre lo consiguiera después o no, estaría por ver, pero por experiencia en situaciones límite y cariño al Albacete no hay ningún entrenador en este planeta que esté más capacitado que Rubio para coger el equipo. Y además, por dinero, conociendo a Julián, tampoco va a ser. Otra cosa será la decisión que tome, o que quizás ya haya tomado, este Consejo de Administración incapaz de reconocer sus errores.